Lupito

Por ahí por el 91', cuando yo tenía 11 y mi hermano 8 empezamos a pedir un perro. Mi mamá, enfermera, decía que no porque los perros eran cochinos y tenían infecciones. Mi papá nos apoyaba y decía que tener mascota era muy entretenido. Finalmente, unos amigos de unos tíos le dieron el dato a mi vieja y un sábado fuimos a ver a una camada de cachorros de cocker. Ahí escogimos a uno que, obviamente según nosotros, era el más tierno. Lo llevamos para la casa y le pusimos Lucky. Desde ese momento fue la mascota de la casa, se convirtió en uno más, jugaba con nosotros, se comía nuestra comida, nos enojabamos con él y peleabamos por él. Las primeras noches, el muy mamón, seguramente acostumbrado a estar con su madre abrigadito, no soportaba dormir afuera, así que lo dejabamos en la cocina, le armabamos una camita abrigada y le dejabamos leche. Pero lloraba toda la noche, así que alguien lo entraba siempre y lo acurrucaba en su cama. Eventualmente perdió el respeto por todos y se la pasaba en las camas y se comía calzones, calcetines, peluches, panes, todo lo que estuviera a su alcance. Mi mamá, en su obsesión por la higiene, nos obligaba a bañarlo todas las semanas, porque sino, todo se pasaba a perro, según ella.

Con mi hermano empezamos a crecer y el Lucky nos acompañaba en nuestro adolescer. Cuando yo lloraba, me venía a acompañar a mi pieza y se echaba al lado mío con cara de pena - a mi que no me digan que los perros no ponen caras o no sienten, porque en sus ojos se e que entienden todo. Eventualmente empezamos a estar menos tiempo en casa, al entrar a la universidad y después hacer nuestras vidas, pero el Lucky siempre estuvo ahí, para recibirnos al llegar de clases, o del carrete, o de un examen o del trabajo. Le empezaron a salir canas y ya no corría tanto como antes. Luego llegó mi conejo Vicente, y con él la evidente vejez del Lucky que, siendo cazador, apenas si podía corretear al hábil conejito, hasta que un día Vicente ya no lo molestó sino que sólo caminó a su lado.

Ayer, yo venía saliendo del rodaje y venía jugando con mi novia en una silla de ruedas. Ella llevaba un jarrón mío y cuando se paró de la silla, el jarrón se rompió. Por alguna extraña razón (si bien el jarró me gustaba mucho) cuando ese jarrón se rompió a mi me dolió exageradamente. Mi novia despues se disculpó camino a la casa y cuando llegué y pasé a saludar, me encontré con mi mamá llorando y cuando busqué la cama de mi perro, a los pies de la cama de mi vieja, no la encontré. Ella me dijo "ya no está el Lucky... se lo llevaron hace 10 minutos". Y en mi estupida y absurda cabeza lo único que pude hacer fue relacionar el estupido jarrón con la muerte de mi perro. Como si hubiera sido una de esas coincidencias de la vida.

Lupito... te voy a extrañar... :(

5 commentarios:

C. dijo...

*abraza aunque no la conozca*

Louis dijo...

a mi gatito lo atropellaron hace dos semanas... me hubiese encantado poder tener una historia de vida junto a él... de hecho, creo que iba a ser algo así, una mascota de por vida.
Mas no.

Un abrazo, Javi
(sorry por el post, aún me da pena pensar en el asunto... hoy fui a la feria de Arrieta y casi me muero de la pena con los puestos de accesorios para mascotas u.u)

Nikita dijo...

Hola .. yo he perdido hace unos meses atras a la Wendycita ..una foxterrier que vivía en conce .. con mis viejos en mi epoca de U ... ahora hace algunos años estoy viviendo en Santiago .. vieviendo con mi chica Fox Issy .. se me parte el alma cuando pienso en el día aquel cuando no la tenga a mi ladito ..por eso la disfruto a full .. esa es la idea !! Un abrazo .. y si tienes razon ..yo tambien soy de la idea que los perros la cachan toda ..cuando anday Happy o down ..

Sexy Bitch dijo...

HOla. Que linda tu historia. Al menos tuvo una muerte digna junto a sus seres queridos. Un abrazo y fuerza! :(

M dijo...

='(

lucky...